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jueves, 8 de febrero de 2018

Cine Guerrila, el cine bajo tierra


En los últimos años el Ecuador ha obtenido una gran cantidad de películas producidas de manera independiente o con el apoyo del gobierno e instituciones culturales, cualquiera que sea el modo finalmente se las puede catalogar a toda costa como películas netamente ecuatorianas.

“Que tan lejos”, “Sin muertos no hay carnaval”, “Ratas, ratones y rateros”, son solo algunos de los ejemplos que se pueden nombrar a la hora de hablar de cine ecuatoriano.
Con bajo o alto presupuesto estas películas ya forman parte de la cultura cinematográfica ecuatoriana que logró sobresalir de una época en donde el séptimo arte ni si quiera tenía la acogida que hoy en día se puede notar en las salas de cine comerciales como independientes, pero ¿alguna vez se escuchó hablar de cintas al estilo “Western Chonero”?




El libro “Ecuador bajo tierra, filmografías en circulación paralela” escrito en 2009 por Miguel Alvear y Christian Cedeño es un aporte más para todas las películas tituladas como “Westerns choneros” que nunca vieron la luz en la televisión ni en el cine pero que fue tanta su popularidad en provincias como Manabí que la cinta “Sicarios Manabitas” dirigida por Fernando Cedeño es la película más vista y distribuida en forma pirata en el Ecuador.




Vicente Fernando Cedeño Marcillo es un director ecuatoriano nacido en Chone el 26 de agosto de 1968, quien dedica su vida entera a la producción de “cine guerrilla” como el mismo lo cataloga. Estas son películas que con bajo presupuesto y actores desconocidos han logrado alcanzar tanta popularidad en Ecuador que incluso ya se encuentran colgadas en Internet cintas como “Sicarios Manabitas” y “El Ángel de los Sicarios”. Esta última fue presentada en un festival de Nueva York y también obtuvo el premio Colibrí  2015 en la categoría -Mejor Producción para Soporte Físico-

En este tipo de películas se narran historias que generalmente están mezcladas con armas, guerras, muertes, amor y un sinnúmero de elementos que pueden construir una narrativa extraordinaria a la hora de entender un film que en varias ocasiones a las personas les puede resultar aburrido o confuso pero en este caso el uso de un lenguaje coloquial, actores y actrices populares hace que la gente se conecte más con las cintas y sean vistas en mayor cantidad de la que uno se imagina.

Esto comprueba una vez más que no es necesario grandes cámaras, actores famosos, o un presupuesto enorme para lograr una película exitosa, solo basta con tener algo de ímpetu, ganas y conectarse uno mismo con la gente, saber que piensan, que les gusta o que les puede llamar la atención al momento de sentarse en una sala de cine y no despegarse de la pantalla hasta que prendan las luces ni si quiera para ir al baño.

Y tú, ¿te atreverías hacer una película por tu propia cuenta?

jueves, 7 de diciembre de 2017

La figura de un pionero

Augusto San Miguel fue un pionero en la empresa cinematográfica del Ecuador, siendo parte de la dirección, producción y actuación de las primeras películas nacionales.



El 2 de diciembre de 1905 nace Augusto en la ciudad de Guayaquil,  en el seno de una familia pudiente, a su joven edad de diecinueve años invierte las fortunas de sus familias en emprender un sueño, el crear la primera película ecuatoriana, para ello auspicia la primera academia de cine silente en el Ecuador llamada Teatro Ecuatoriano del Silencio con la ayuda de Carlo Boccaccio.

Augusto crea la Ecuador Film Co. y estrena seis películas en tan solo ocho meses, siendo estas tres películas de argumento (El tesoro de Atahualpa, Se necesita una guagua y Un abismo y dos almas) y tres documentales (Panoramas del Ecuador, Actualidades Quiteñas y El desastre en la vía férrea).

El tesoro de Atahualpa fue la primera película de ficción en el país, formándosela como una película del viejo oeste, el film narraba la historia de un médico de nombre Jaime García, interpretado por Augusto San Miguel, quien recibe mapas y señas precisas sobre la ubicación del tesoro del inca como agradecimiento de la atención brindada, pero la búsqueda del tesoro se ve obstaculizada por la intromisión del malvado y ambicioso extranjero R. Matamoros, interpretado por Arie Van den Enden, quien pretende apoderarse del tesoro así como del corazón de la bella Raquel, interpretada por Evelina Macías.



La película fue transmitida en los teatros Colon y Edén de Guayaquil, llegando a ovaciones por los espectadores que pidieron se repitiera.
Sus documentales resaltaban una realidad polémica de la época, creando incomodidad en las elites de la sociedad, Augusto quería transformar al cine y que la gente pudiera opinar en su arte, que los espectadores se conviertan en actores y logre existir una interactividad.

El cine silente decreció por la producción extranjera de nuevas películas sonoras que competían en taquilla contra San Miguel, esto y los altos costos de producción lograron que Ecuador Films Co. decayera, haciendo que Augusto deje atrás su sueño y emprenda nuevos retos, realizando un viaje por Europa.
En 1930 San Miguel regresa y publica las revistas “La semana” y “El espectador” las cuales mostraban con claridad su posicionamiento político y el apoyo a la sociedad y su retroalimentación.


Augusto muere 1937 tras una cirugía fallida, sus obras cinematográficas desaparecieron creando mitos de que San Miguel se enterró junto a ellas.

En el 2006 el Ministerio de Educación crea el premio Augusto San Miguel para incentivar a las futuras promesas del cine independiente, premio que se siguió entregando hasta el 2010. En la actualidad existe el festival “Encuentro del otro cine” (EDOC). Festival no competitivo de documentales organizado por la Corporación Cinememoria, estos no deben haber sido exhibidos comercialmente.